Chema el Ferreru, el guardián de la fragua en Llanera

Ultima fragua de Llanera AsturiasLa Gripe de 1918 se llevó al marido y a parte de los hijos de la abuela de Jose María Martínez Álvarez. La herencia permitió a la viuda comprar la casería en donde hoy, Chema el Ferreru,  el guardián de la fragua en Llanera, custodia una interesante muestra etnográfica que revive una actividad habitual en Llanera y Las Regueras hasta hace unos años.

En Tuernes el Pequeño sigue viviendo Chema. Bien arraigado a Llanera, de dónde está documentada su familia desde 1820.  Y ahora más arraigado aún tras la jubilación, aunque realmente nadie diría que está jubilado. Ni por su aspecto ni por la actividad que desarrolla. Es habitual encontrarlo en Posada o en Lugo, tomando un café,  visitando la Biblioteca o el Ayuntamiento, o probando el menú del día de aquí o de allá. Confiesa que antes iba más a Oviedo, pero que ahora, y más tras el confinamiento, Llanera le ocupa mucho tiempo, y asegura que no echa en falta nada, ya que en Llanera lo tienes todo.

Los orígenes

Y es que en Llanera es su familia, por lo menos, desde 1820. Y en aquella casa que compró su abuela nació. Cerca estaba la escuela de Carmina Campana, que era una dependencia anexa a la casa de la maestra y  que servía de gallinero durante la noche. Chema Martínez esperaba junto al resto de guajes de Tuernes el Pequeño que acudían cada mañana a recibir clases, a que la madre de la maestra limpiase cuidadosamente el aula, ya de aquella, polivalente. Luego, hasta los 14 años Chema, el Ferreru,  anduvo entre la escuela de Tuernes y la de San Cucao, por eso de no cambiar de maestra. Se llamaba Covadonga y estaba entre una y otra siempre acompañada de su madre, también de nombre Covadonga. Y Covadonga se llamaba una de las vacas de la casa de Chema, con tendencia a colarse en terrenos ajenos, y habitualmente reclamada a voces en el silencio de las mañanas rurales de Llanera: tanta hominimia daba lugar a curiosas confusiones en horas escolares.

Chema estudiaba más bien lo que le gustaba que todo lo que debiera. Y acabó en la escuela de Maestría de Oviedo. Un desastre académico absoluto, no desvelado a su padre hasta después del verano. Tras la bronca de rigor, Chema y su curiosidad realizaban todo tipo de cursos a distancia, desde un curso para analizar la escritura a Delineante pasando por el Periodismo.

Chema, el periodista de Llanera

Le gusta contar cosas, de ahí su intensa carrera de corresponsal de Llanera para todos los medios de la época. Acabó siendo portada en La Nueva España por un altercado con un concejal tras un pleno. Fue destacado creador de noticias, avanzando antes que nadie la, según su punto de vista,  importancia  de las fincas que atravesaba la recta de San Cucao para el desarrollo urbanístico del concejo.

Tenía caracter el muchacho, y no se amilanaba ante nada. Se fue de La Voz de Asturias después de que un periodista de plantiulla usurpase su nombre para firmar la reseña de la boda de unos  amigos en  El Carbayal. Y no ganaba para líos. Don Liborio, el cura de Posada, le recomendó abandonar esa vocación periodística que tanto revuelo estaba armando a su alrededor.

Y la acabó, pero solo tras el Servicio Militar, que hizo tardiamente en El Ferral, y que finalizó en Oviedo. La Mili daba tiempo para enviar curriculos, y uno cayó en manos de la empresa austriaca Didier. Le contrataron antes de acabar la milicia, e incluso hizo esperar a los austriacos ya que antes de incorporarse tenía que cumplir con un compromiso previo: irse de vacaciones a Portugal. Y es que lo del viajar es una de sus pasiones. Aquel joven calcador -el nivel más bajo dentro de las categorías en delineación- acabó de Jefe de Departamento en la misma empresa, y  casi no hubo año en el que no viajase al extranjero.

Reivindicar Llanera

Pero volviendo a Llanera, su interés por el Concejo se incrementó al finalizar sus estudios de Graduado Social, cuando hizo su tesina sobre el Desarrollo económico y social de Llanera. 800 páginas todo lo bien documentadas que pudo. En realidad la propuesta inicial fue hacer la tesina sobre las pintadas en las puertas de los baños de los bares. La intervención de algún profesor consiguió desviarle de los grafitis de los 70 hacia una Llanera en expansión.

Chema habla del papel relevante que ha de tener Llanera en el Área Metropolitana. Lo hace con convencimiento mientras pasa ante la panera de la casería, datada en 1787, pero que llegó al lugar que hoy ocupa en 1850. Por la puerta de la panera ofreció Carmen Polo en 1922 10.000 pesetas. Pero la puerta se quedó.

El guardián de la fragua

Insiste en que Llanera no puede estar asfixiada entre Oviedo y Gijón, mientras abre el portón de la última fragua que queda en Llanera. Un año de sueldo invertido, y muchas horas junto a sus hermanos, para recuperarla junto a más de 700 piezas perfectamente conservadas. Por este pequeño museo etnográfico ya han pasado más de 800 visita  entre colegios, asociaciones, y gentes interesadas en parte de una cultura que hubiese desaparecido sin dejar huella si no fuese por el guardián de la fragua.

Llegaron a estar funcionando en Llanera 26 fraguas. Solo queda esta de la que han salido todo tipo de herramientas de labranza y domésticas, e incluso algún regalo de boda, porque antes, y no hace tanto, no era tan extraño regalar, por ejemplo, una sembradora.

Reclama Chema de la necesidad de poner en valor lo nuestro, de sentir Llanera, de la neecsidad de circunvalaciones, y se queja de la poca presencia que tenemos en los medios de comunicación. Y todo en un fantástico atardecer desde el hórreo, de esos atardeceres únicos que tiene Llanera, mientras el guardián de la fragua sigue hablando de la belleza de Los Covarones o de los paisajes de Arlós.


En este enlace puedes ver la fragua de Tuernes


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